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Uluwatu es famoso por sus impresionantes acantilados junto al mar, sus olas de surf de clase mundial y sus vistas panorámicas del océano. En su corazón se encuentra el emblemático Templo de Uluwatu, situado en lo alto de un acantilado y conocido por sus representaciones de la danza Kecak al atardecer. Con resorts de lujo, playas escondidas y un ambiente costero relajado, Uluwatu ofrece una perfecta combinación de cultura, aventura y belleza natural.
Visitar el Templo de Uluwatu al atardecer
Admirar este espectacular templo situado al borde del acantilado y quedarse para disfrutar de la icónica danza de fuego Kecak con el atardecer como telón de fondo.
Surfear olas de clase mundial
Poner a prueba tus habilidades en rompientes legendarias como Padang Padang y Uluwatu, famosas entre los surfistas profesionales.
Relajarse en las playas escondidas
Escapar del bullicio en playas vírgenes como Bingin o Suluban, perfectas para tomar el sol y nadar en aguas turquesas.
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Descubran Takayama a través de sus tradiciones, su ritmo pausado y la cocina de Hida.
Shirakawa-go es una de las aldeas históricas más hermosas y reconocidas de Japón.
Este destino impresiona a los viajeros por sus casas tradicionales de tejados de paja con siglos de antigüedad, edificadas para resistir los intensos inviernos de esta zona montañosa.
Con una arquitectura que parece surgida de un cuento y un estilo de vida local que se resguarda con esmero hasta el día de hoy, Shirakawa-go ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, consolidándose como una parada imprescindible en el viaje.
Lejos del dinamismo de Tokio o de la modernidad de Osaka, Nikko lleva una belleza pausada y serena.
Es un lugar donde el viajero puede descubrir el esplendor histórico de Nikko Toshogu mientras contempla la calma natural junto al lago Chuzenji, o caminar entre senderos cubiertos de musgo và estatuas antiguas de piedra.
Exploren Hakone entre onsen, vistas del Monte Fuji, antiguos caminos y tradición japonesa.
Tokio es como una película interminable, donde cada fotograma vibra con un ritmo incesante pero esconde, a la vez, instantes de quietud.
Para las almas exploradoras, esta ciudad se despliega como un laberinto fascinante, un espacio donde la frontera entre la historia y el presente conviven en perfecta armonía.