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Ubud es el corazón cultural y espiritual de Bali, rodeado de terrazas de arroz, frondosos bosques y aldeas tradicionales. Conocido por su arte, danza y artesanía, también es un centro de yoga, bienestar y retiros espirituales. Con sus templos, galerías y paisajes serenos, Ubud ofrece una conexión más profunda con el patrimonio balinés y la naturaleza.
Explorar las terrazas de arroz de Tegallalang
Caminar entre los exuberantes campos en terrazas, un paisaje declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO que muestra el tradicional sistema de irrigación subak de Bali.
Visitar el Santuario del Bosque Sagrado de los Monos
Encontrarse con juguetones macacos en un bosque místico lleno de estatuas cubiertas de musgo y antiguos templos.
Descubrir el arte y la cultura de Ubud
Recorrer galerías, asistir a una representación de danza balinesa o participar en un taller de batik o talla en madera para vivir de cerca la creatividad local.
Acompáñenos a descubrir diez de los sabores más emblemáticos del País del Sol Naciente.
Descubran Takayama a través de sus tradiciones, su ritmo pausado y la cocina de Hida.
Shirakawa-go es una de las aldeas históricas más hermosas y reconocidas de Japón.
Este destino impresiona a los viajeros por sus casas tradicionales de tejados de paja con siglos de antigüedad, edificadas para resistir los intensos inviernos de esta zona montañosa.
Con una arquitectura que parece surgida de un cuento y un estilo de vida local que se resguarda con esmero hasta el día de hoy, Shirakawa-go ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, consolidándose como una parada imprescindible en el viaje.
Lejos del dinamismo de Tokio o de la modernidad de Osaka, Nikko lleva una belleza pausada y serena.
Es un lugar donde el viajero puede descubrir el esplendor histórico de Nikko Toshogu mientras contempla la calma natural junto al lago Chuzenji, o caminar entre senderos cubiertos de musgo và estatuas antiguas de piedra.
Exploren Hakone entre onsen, vistas del Monte Fuji, antiguos caminos y tradición japonesa.
Tokio es como una película interminable, donde cada fotograma vibra con un ritmo incesante pero esconde, a la vez, instantes de quietud.
Para las almas exploradoras, esta ciudad se despliega como un laberinto fascinante, un espacio donde la frontera entre la historia y el presente conviven en perfecta armonía.