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Pekín, el corazón de China, combina la grandeza imperial con el pulso moderno de una metrópoli vibrante. Entre palacios ancestrales, templos sagrados y calles llenas de vida, la capital china invita a descubrir su historia, su cultura y su espíritu siempre en movimiento.
1. Explorar la Ciudad Prohibida
Antiguo palacio imperial y símbolo del poder de las dinastías Ming y Qing. Sus salones, patios y jardines narran siglos de historia y cultura china.
2. Caminar por la Gran Muralla China
Una de las Siete Maravillas del Mundo, fácilmente accesible desde Pekín. Los tramos de Mutianyu y Badaling ofrecen vistas espectaculares entre montañas.
3. Visitar el Templo del Cielo
Un conjunto arquitectónico armonioso donde los emperadores realizaban rituales para pedir buenas cosechas. Rodeado de un parque ideal para disfrutar la vida local.
4. Probar el Pato Laqueado de Pekín
Una experiencia gastronómica imperdible. Este plato tradicional se sirve con finas láminas de pato asado, panecillos y salsa hoisin.
5. Recorrer los hutongs en bicicleta o rickshaw
Calles tradicionales que muestran el Pekín más auténtico. Pasear por sus callejones es descubrir el encanto de la vida local y la historia viva de la ciudad.
Si Kioto refleja la elegancia de la antigua corte imperial, Nara invita a los viajeros a remontarse a los orígenes de Japón.
Kioto fue la antigua capital de Japón y ha conservado la esencia de la cultura tradicional japonesa durante más de un milenio.
Lejos del bullicio de las grandes metrópolis japonesas, Kanazawa emerge como un destino que conserva intacto el encanto del Japón tradicional.
Sus calles, jardines y antiguas casas de té invitan a descubrir una faceta más serena y auténtica del país.
Sushi, takoyaki y mucho más. Exploren los platos más emblemáticos y las especialidades regionales de Japón.
Descubran Takayama a través de sus tradiciones, su ritmo pausado y la cocina de Hida.
Shirakawa-go es una de las aldeas históricas más hermosas y reconocidas de Japón.
Este destino impresiona a los viajeros por sus casas tradicionales de tejados de paja con siglos de antigüedad, edificadas para resistir los intensos inviernos de esta zona montañosa.
Con una arquitectura que parece surgida de un cuento y un estilo de vida local que se resguarda con esmero hasta el día de hoy, Shirakawa-go ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, consolidándose como una parada imprescindible en el viaje.